Epilepsia en Latinoamérica

Complicaciones y falla de la cirugía

Al igual que con cualquier otra cirugía, las que se realizan para controlar o eliminar las crisis epilépticas pueden producir complicaciones, aunque no es frecuente que eso suceda.  Puede haber problemas relacionados con la anestesia, en ocasiones mortales.  Siempre cabe la posibilidad de cortar una arteria o una vena, lo cual, en casos extremos, puede derivar en un accidente cerebrovascular.  Y existe también el riesgo de infección, particularmente cuando se utilizan electrodos sobre o en el cerebro.  Cuanto más tiempo se utilizan los electrodos, mayores son las probabilidades de que se produzca una infección.

Asimismo, es posible que la cirugía no mejore o no elimine las crisis.  Eso puede suceder por varios motivos: el foco de la crisis no se identificó o eliminó correctamente; resultó imposible extirpar todo el foco de la crisis porque estaba ubicado en un área que controla una función importante; apareció un segundo foco epiléptico que no se había identificado anteriormente y, por lo tanto, no se extirpó; o bien el cirujano no extirpó todo el tejido cerebral identificado.  Sin embargo, siempre que el paciente sea un buen candidato para la cirugía, se hayan realizado las pruebas correspondientes y se hayan implementado las técnicas quirúrgicas adecuadas, la gran mayoría de las cirugías para controlar la epilepsia tienen éxito.

Protocolo posquirúrgico

Por lo general, después de una neurocirugía, se recomienda que el paciente haga reposo en su hogar durante un mes y reduzca al mínimo las actividades que realiza.  Normalmente, podrá reintegrarse al trabajo y retomar las actividades habituales en tres meses, siempre y cuando no haya complicaciones.

 

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