Epilepsia en Latinoamérica

Complicaciones que pueden presentarse

Si bien las probabilidades de que el bebé de una madre con epilepsia sea sano son altísimas, el riesgo de que haya ciertas complicaciones durante el embarazo es mayor que el que tienen las mujeres sin epilepsia.  También hay una mayor probabilidad de que el bebé pueda sufrir algún tipo de problema físico o mental.

Problemas de salud de la madre

Algunas de las siguientes complicaciones pueden darse más comúnmente en mujeres con epilepsia (los medicamentos antiepilépticos parecen contribuir en algunos de esos problemas).

  • Náuseas frecuentes: además de ser algo incómodo, el aumento de las náuseas o los vómitos puede dificultar o imposibilitar el consumo o la retención de una dosis suficiente de FAE para prevenir las crisis.
  • Sangrado vaginal durante o después del embarazo: es una situación más común en mujeres que utilizan medicamentos antiepilépticos.
  • Anemia.
  • Desprendimiento de placenta (separación prematura de la placenta del útero).
  • Preeclampsia (hipertensión y exceso de proteína en la orina): las mujeres con epilepsia son doblemente más propensas a sufrir preeclampsia que el resto de las mujeres.  También es más común que esta afección se presente en quienes toman medicamentos antiepilépticos.
  • Muerte fetal: esta situación, que se define como la pérdida del bebé después de 20 semanas a partir de la gestación, afecta a las madres con epilepsia con el doble de frecuencia que al resto de las mujeres y puede deberse a malformaciones congénitas.
  • Aumento en la frecuencia de las crisis: este problema afecta a entre el 15 por ciento y el 30 por ciento de las mujeres y, por lo general, se debe a dosis insuficientes de la medicación, que puede ser consecuencia de no cumplir con las dosis recetadas, las náuseas y los vómitos, y los cambios de metabolismo relacionados con el embarazo.  Algunas otras causas no relacionadas con los medicamentos son la falta de sueño, los cambios hormonales y el estrés psicológico/emocional del embarazo.

La mayoría de estos problemas pueden prevenirse o tratarse correctamente si se detectan con la anticipación suficiente.  Pero hay que estar atenta, informar al médico inmediatamente sobre todo síntoma inusual que aparezca (exceso de fatiga, dolor, náuseas, sangrado, desmayos), y particularmente sobre toda crisis.  El obstetra y epileptólogo deberán seguir de cerca el embarazo y así pueden reducirse estos riesgos considerablemente.

Problemas de salud del bebé

Los bebés cuyas madres tienen epilepsia presentan un riesgo mayor de enfrentarse a varios problemas, algunos que se evidencian inmediatamente y otros que pueden surgir más tarde.  Entre los que son inmediatamente evidentes, se encuentran las anomalías congénitas, la hemorragia interna neonatal (sangrado interno) y el bajo peso al nacer/prematuridad.

  • Anomalías congénitas: las anomalías estructurales o funcionales que producen discapacidades físicas o mentales tienen aproximadamente el doble de prevalencia en hijos de madres epilépticas, en comparación con la población general.  Las anomalías congénitas se dividen en dos categorías: malformaciones leves, que son las que no afectan a la salud general del bebé, y malformaciones graves, que revisten de importancia en términos quirúrgicos, médicos o estéticos.
  • Las malformaciones leves incluyen:
    Rasgos faciales poco comunes
    Anomalías en los dedos de la mano
    Anomalías en los dedos de los pies
  • Las malformaciones graves incluyen:
    Labio leporino o paladar hendido
    Defectos cardíacos congénitos
    Defectos del tubo neural (espina bífida)
    Anomalías en el esqueleto
    Defectos del tracto urinario

El labio leporino o el paladar hendido constituyen cerca del 30 por ciento del riesgo aumentado de malformaciones.

La mayoría de las malformaciones del feto se asocian con la exposición prenatal a los FAE.  Por ese motivo, antes de la concepción deben implementarse ajustes en la medicación.  Y durante el embarazo, se recomienda reducir la cantidad de FAE que se consumen, con la dosis más baja posible que permita seguir controlando las crisis.

  • Hemorragia neonatal: esta afección, que se caracteriza por un sangrado interno sin control en el bebé, se desarrolla dentro de las 24 horas posteriores al parto.  La mayor preocupación es la hemorragia en el cerebro, que puede producir un daño cerebral permanente.  Algunos de los FAE pueden interrumpir el metabolismo de la vitamina K y, en consecuencia, afectar a los factores de la coagulación que dependen de esa vitamina.  Afortunadamente, en el momento del nacimiento, se aplican rutinariamente inyecciones de vitamina K a todos los recién nacidos, y las madres reciben suplementos con 10 mg de vitamina K1 durante el último mes del embarazo, lo cual, por lo general, previene este problema.  Históricamente, la mayoría de las mujeres que consumen FAE reciben suplementos de vitamina K por vía oral durante el último mes de embarazo.  Algunos estudios recientes plantean cierta controversia con respecto a la utilidad de esta práctica.
  • Bajo peso al nacer: el bajo peso de nacimiento (por debajo de los 2,500 kg) se observa con aproximadamente el doble de frecuencia en bebés con madres epilépticas, independientemente de que éstas hayan o no consumido FAE durante el embarazo.  Las crisis durante el embarazo parecen estar relacionadas con el bajo peso de nacimiento.  También existe un riesgo mayor de sufrir retraso del crecimiento intrauterino, en el cual el peso del embrión, feto o recién nacido es menor al percentil 10 del peso calculado en función de la edad.  Ambas afecciones tienen mayor probabilidad de presentarse cuando el bebé se expone a los FAE antes de nacer, especialmente cuando la madre consume más de uno de esos medicamentos.

Algunas de las complicaciones que pueden presentarse o evidenciarse semanas, meses o años después son:

  • Retraso en el desarrollo o problemas de aprendizaje: los hijos de madres epilépticas tienen aproximadamente el doble de probabilidades de experimentar retraso en el desarrollo, que se define como toda demora considerable en el desarrollo físico, cognitivo, emocional, de conducta o social del niño en comparación con el promedio de los niños.  Esto se ha vinculado con numerosos factores, entre ellos, la cantidad de crisis durante el embarazo y la exposición a los FAE.
  • Mayor riesgo de contraer epilepsia: el riesgo de que un hijo de madre epiléptica contraiga epilepsia es aproximadamente tres veces más alto (3 %) que el que se observa en la población general, pero solo si la madre tiene epilepsia, no el padre.
  • Potencial de crecimiento reducido: el retraso del crecimiento intrauterino y el bajo peso al nacer que se observan durante el embarazo y en el momento del nacimiento pueden continuar como un potencial de crecimiento reducido, que se presenta en algunos niños independientemente de que sus madres hayan o no consumido FAE durante el embarazo.

Para reducir las probabilidades de que el bebé sufra algunos de estos problemas, hace falta recurrir a un cuidado médico adecuado antes y durante el embarazo.  Al igual que con las complicaciones de las madres, el diagnóstico oportuno de las complicaciones que afectan al bebé (incluso antes del nacimiento) puede ser crítico para la prevención de esos problemas o para mejorar considerablemente los resultados.

 

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