Epilepsia en Latinoamérica

Resecciones quirúrgicas: extirpación de una porción del cerebro

Parece algo extremadamente radical: extirpar una porción del cerebro para mantener controladas las crisis. Y si bien cualquier neurocirugía es, sin dudas, una medida drástica, en muchos casos bien definidos produce resultados increíbles. Existen varios tipos distintos de resecciones, desde la extirpación de un tumor muy pequeño hasta la extracción en sentido literal de la mitad del cerebro. Estos procedimientos incluyen la lesionectomía, la resección no lesional, la lobectomía, la hemisferectomía, la callosotomía y la transección subpial múltiple.

Lesionectomía
Esta cirugía, que consiste en extraer literalmente una lesión (“herida”), supone la extirpación de un área del cerebro que se ha dañado o que funciona anómalamente. Algunas de las lesiones son los tumores, las cicatrices como consecuencia de infecciones o lesiones en la cabeza, los vasos sanguíneos anómalos y los hematomas (sangrados en el cerebro). Cuando lo que origina las crisis es una lesión, la extirpación puede ser una cura. Entre el 60 y el 80 por ciento de las lesionectomías eliminan las crisis o mejoran considerablemente el control de la epilepsia.

Resección no lesional
Esta cirugía supone la extirpación del área del cerebro en la que se origina la crisis (foco de la crisis), aun cuando no existe ninguna lesión visible. Sin embargo, en el área hay actividad eléctrica que es claramente lo que produce las crisis. Si el foco de la crisis se encuentra en el lóbulo temporal, habrá entre un 70 y un 80 por ciento de probabilidades de que la cirugía elimine las crisis. Si se encuentra en otros lóbulos, las probabilidades de eliminación serán de entre el 30 y el 60 por ciento.

Lobectomía
El cerebro se divide en cuatro lóbulos: temporal, frontal, parietal y occipital. Las crisis parciales se originan en uno de esos cuatro lóbulos y producen síntomas relacionados con las funciones controladas por cada área (por ejemplo, la memoria y la capacidad auditiva, en el lóbulo temporal; el movimiento y la planificación, en el frontal; el tacto, en el parietal; y la vista, en el occipital). El habla se ubica en los lóbulos frontal y temporal, generalmente del lado izquierdo. Durante una lobectomía, se elimina uno de esos cuatro lóbulos o parte de él.

Tres de cada diez personas que sufren de epilepsia del lóbulo temporal no responden favorablemente a los tratamientos médicos convencionales y pueden ser candidatos para la cirugía. De los pacientes de este grupo que se someten a cirugía, aproximadamente entre el 60 y el 80 por ciento experimentan la eliminación de las crisis o una mejora considerable del control de la epilepsia. Si existe una lesión clara, se observan resultados similares en la cirugía del lóbulo frontal, parietal u occipital. Sin embargo, cuando no existe una lesión clara, la proporción disminuye a entre el 30 y el 60 por ciento.

Hemisferectomía
En una hemisferectomía, se extirpa todo un hemisferio (la mitad) del cerebro. Esta cirugía se realiza cuando las crisis son tan devastadoras que resulta preferible extirpar una gran porción del cerebro a sufrirlas, incluso cuando la cirugía traiga aparejadas deficiencias funcionales.

La buena noticia es que, si la hemisferectomía se realiza a una edad temprana (generalmente antes de que el paciente cumpla los 7 años), se recuperará la mayor parte de la función del cerebro. Eso se debe a la “plasticidad cerebral”, un fenómeno que se produce en muchos cerebros jóvenes y que permite que la funcionalidad pase a una parte intacta del cerebro. Por ejemplo, un niño que se somete a una hemisferectomía sufrirá una parálisis en un costado inmediatamente después de la cirugía, pero en unos meses comenzará a recuperarse lentamente ya que la mitad restante del cerebro “asumirá nuevas responsabilidades”. Lamentablemente, la plasticidad cerebral no se observa en la misma medida en adultos.

Entre el 50 y el 80 por ciento de las personas que se someten a una hemisferectomía experimentan la eliminación de las crisis o una mejora considerable en el control de la epilepsia.

Callosotomía
Las dos mitades del cerebro se conectan mediante fibras denominadas “cuerpo calloso.” Estas fibras conforman la “autopista” principal que permite que la información pase de una mitad del cerebro a la otra. Durante esta cirugía, se corta el cuerpo calloso, con lo cual se reduce la gravedad de las crisis dado que ya no pueden propagarse de una mitad del cerebro a la otra. La callosotomía no siempre elimina las crisis, porque estas aún pueden originarse en un costado u otro del cerebro. Pero sí reduce la gravedad, ya que impide la circulación por la “autopista” para invadir el otro costado.

Esta cirugía está diseñada para personas que no pueden someterse a una resección focal o incluso a una lobectomía debido a que no existe un solo foco de crisis. Funciona muy bien en pacientes con crisis atónicas que producen pérdida súbita de tono muscular y “caídas”, y en el 50 al 70 por ciento de los casos se eliminan las crisis o mejora considerablemente el control de la epilepsia.

Transección subpial múltiple (TSM)
Mientras que la callosotomía corta las conexiones entre una mitad del cerebro y la otra, la TSM busca producir un cortocircuito en las crisis mediante el corte de las fibras nerviosas que conectan las capas interior y exterior del cerebro. La TSM no elimina el foco de las crisis, pero evita que se propaguen desde un foco de crisis en las capas exteriores a las capas más profundas del cerebro, donde se controlan las funciones cerebrales más vitales. El neurocirujano no extirpa ninguna porción del cerebro, sino que realiza pequeñas incisiones (transecciones) que no son profundas y atraviesan únicamente la materia gris. Este tipo de procedimiento interrumpe la comunicación entre las células nerviosas responsables de las crisis sin interrumpir la comunicación necesaria para un correcto funcionamiento. La TSM se utiliza generalmente para tratar crisis en áreas del cerebro que desempeñan una función importante.

La transección subpial múltiple se realiza principalmente en pacientes con síndrome de Landau-Kleffner, un tipo de epilepsia que se observa en niños y que produce la pérdida del habla o epilepsia en partes funcionales del cerebro, como el área que controla las piernas.

 

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